
Thursday, May 3, 2007
Tuesday, May 1, 2007
Camuflaje

- Quien te dijo eso? - pregunte mientras miraba el parque al fondo de la calle.
- Tu sabes... - me dijo esbozando una sonrisa, mientras ordenaba los chocolates (como si alguno de los chocolates le fuera a responder).
En ese momento dude. Era imposible que lo supiera.
- Por algo te pregunto... - le respondi tratando de que se transformara en esos juegos en que uno de los dos se hacia el interesante si tenia acceso a informacion privilegiada.
Era una de esas tardes en que uno agradecia que hubiera cerros al poniente. El cafe colombiano no humeaba en el denso aire caliente de esa breve calle de la ciudad, pero invitaba a beberlo para sentir calor por ultima vez en el dia. Cada jueves soliamos pedir nuestros dos cafes y chocolates. Nunca nos repetiamos el cafe, pero los chocolates eran, al menos para mi, la excusa para prolongar la conversacion hasta que aparecia la cuenta sobre la mesa.
Y era asi los ultimos tres meses. Era una de esas costumbres que se inician tan lenta, progresiva y naturalmente que nunca parecen ser una cita. Un dia coincidimos en una conferencia sobre algo que sonaba mas interesante de lo que realmente fue. Nuestra interaccion consistio en que le pase una hoja para que escribiera, como todos los asistentes, su nombre y su e-mail. Y nada mas. A la semana siguiente, por azar, se sento a mi lado de nuevo. Como llego atrasada, se sento, me miro y sonrio. Me pregunto si habia llegado muy atrasada. Yo le respondi que no se habia perdido nada.
- No seas aburrido. Quiero escucharlo de ti.
Ese dia nos reimos de cosas que no recuerdo. Pense que en el coffee break podria conversar con ella, pero por mas que intente llegar a la cafeteria, el celular sono una y otra vez. Estaba hablando todavia cuando se acabo el break. Ella paso a mi lado y me sonrio levantando sus cejas. Durante la segunda parte de la conferencia imagine toda suerte de formas de invitarla a tomar un cafe. Me imaginaba los desenlaces. Y ahi terminaba mi virtual osadia.
Finalmente la conferencia termino. Al ponernos de pie, me miro, sonrio y levanto sus cejas, a manera de adios. Sali del edificio y camine a un cafe cercano, que recordaba haber conocido semanas atras. Me sente en las mesas del exterior y pedi un cafe colombiano y un cenicero. Me distraje leyendo unos poemas que me dejo en la mesa un hombre que tenia ese tipico olor de paciente psiquiatrico. Me llamo la atencion una frase que decia: "Hic locus est ubi mors gaudet sucurrerae vitae". Levante la mirada del papel, mirando hacia el parque pensando donde habia leido eso antes. En eso, fuera de foco, vi que alguien me miraba, sonreia mientras levantaba sus cejas. Cuando logre enfocarla me di cuenta que era ella. Le respondi el saludo, al tiempo que dudaba si no estaba ella saludando a alguien detras de mi. Volvio a saludarme. Con mi mano le senale la silla vacia a mi lado. Ella tomo su cafe y vino hacia mi mesa.
- Como te puedes hacer rogar tanto!
- No es hacerme de rogar. Solo que me sorprende que te hayas enterado. Y en eso me quede pensando. Es imposible que lo sepas. O estas inventandolo todo.
- Te equivocas.
- En que?
Me miro haciendo converger sus cejas. Tomo un chocolate, asomando su lengua para recibirlo en su boca. Miro hacia ambos lados de la vereda y volvio a mirarme como si me fuera a confesar un secreto.
- En ambas.
Esa primera vez que nos sentamos a conversar un cafe, se paso el tiempo volando. Desde ahi comenzo la tradicion que la cita terminaba cuando la cuenta nos miraba desde la mesa. Siempre habia un tema interesante para conversar. Al menos interesante para nosotros. Desde el ultimo programa del History Channel hasta la nimiedad mas farandulera imaginable. O silencios. Esos silencios gratos en que pareciamos disfrutar de la ausente presencia del otro.
Su llegada a mi vida habia permitido que los dias fuera de mi pais se hicieran mas placenteros. Los primeros dos meses habian sido para olvidar, pero no por desagrado sino porque me dedique afanosamente a sacar conclusiones y asi limpiarme de todo aquello que habia dejado atras. No obstante me habia preocupado de que esa relacion terminara, tenia la sensacion que, cual tejon africano, esta se negaba firmemente a morir. Finalmente decidi que era mejor entregarle mis lugares, mis amigos y mi GPS, antes que mi cerebro.
- Supiste que encontraron los restos del Hombre de Pekin en...
- No cambies de tema. Despues me cuentas si es verdad pero no trates de desviarme, no te hagas el listo conmigo.
- Pero es en serio. Un equipo del History estuvo...
- Y dale con la tontera... Por favor. Te tengo acorralado, asi que comienza a hablar. Te escucho atentamente.
Despues de la primera cita crei que estaba enamorandome de ella. Una noche de jueves en que sono mi telefono y vi que era ella quien me llamaba, lo tuve claro. Pero era tan agradable estar con ella que, nuevamente, la incertidumbre me inmovilizaba. Y ese miedo reverberaba en mi cabeza y en mi almohada.
- Podemos ir por parte?
- Por supuesto, es tu parte la que parte.
Nos reimos a carcajadas. Ya estaba entregado. No habia salida alguna que no involucrara inventar algo increible (en el sentido de no-creible).
- OK - dije acompanandolo de un suspiro involuntario que daba la impresion de que ella habia ganado en esta encerrona. Realmente trataba, involuntariamente, de expandir mis pulmones para prepararme para la lucha o la huida.
- Te escucho - y tomo otro chocolate sonriendo, disfrutando de la victoria.
- Es cierto. Y lo es desde hace unos meses.
- Y como no me habias dicho nada. Te doy miedo o que? No confias en mi acaso? Como te pudiste guardar algo asi. Nos vemos todas las semanas, hablamos casi todos los dias.
- No es facil para mi todo esto. Tu sabes lo que he pasado. La soledad me ha hecho mas vulnerable.
- Cual soledad?
- Como que cual soledad?
- La conozco?
- Que?
- Espera... estamos hablando de lo mismo?
- Solo conozco una soledad.
- Y yo la conozco?
- Creo que si... pero que importancia tiene!
- Tu no estas hablando de una mujer! - dijo soltando una carcajada y lagrimas al mismo tiempo.
- Claro que no... Ya te trastornaste otra vez - le dije riendome largamente, permitiendome aliviarme de lo dificil que era para mi hablar de esto.
- Y yo que ya pensaba que soledad conocemos en comun - continuaba riendose.
- Bueno, compartimos nuestras soledades, pero espera: aqui hay algo raro. Que es lo que realmente sabes?
- Lo que me acabas de contar. Que te has enamorado de una compatriota mia. Nada mas.
- Solo eso? Es que eso cambia las cosas. Que fue lo que te contaron?
- Es que dudo que me creas. Recuerdas el esquizo que nos regalaba poemas?
- Si.
- Bueno, ahora solo lo podras recordar.
- Por?
- Es tristisimo. Llego a la Urgencia anoche. Lo habian atropellado y venia muy mal. Pero cuando me vio, me reconocio y me ha dicho "tenemos que conversar". Hicimos lo que pudimos para sacarlo del paro, pero nada. En una hora fallecio.
- Que triste, o sea no mas esquizo.
- Pero espera, ahi no termina el tema. Pude dormir a eso de las 5 de la manana y te juro que no se si me habia quedado dormida pero lo vi entrar al dormitorio. No me asuste aunque sabia que era algo no normal, pero tenia la sensacion que estaba despierta todavia.
- Una alucinacion hipnagogica...
- A lo mejor, pero el cuento es que me dijo que tenia que contarme algo desde hace un tiempo, pero se le habia pasado definitivamente el tiempo. Y dijo "definitivamente" mostrandome las heridas de sus piernas, de su cabeza y su ropa con sangre.
- Y que te conto?
- Me dijo que estabas enamorado verdaderamente, que tu necesitabas contarselo a alguien porque en este pais no tenias a nadie mas. Que buscara la forma para que tu me lo contaras porque era importante para ti que alguien te escuchara. Trate de preguntarle mas pero me hizo una sena de que me callara, me toco la frente y desaparecio. En ese momento sono el telefono y me avisaron del estado de un paciente. Y te juro que no hubo un momento en que yo despertara. Fue una cosa y luego la otra.
- Suena increible.
- Asi es. Te lo cuento y se me eriza la piel.
- Entonces podriamos decir que solo eso sabes.
- Claro, y me lo has confirmado. Necesito saber quien es la afortunada.
En ese momento, senti tener la fuerza para hacerlo. Este era el lugar donde los muertos ayudan a salvar vidas. Y esta vez seria la mia. Me senti tomar la bayoneta, salir de la trinchera y lanzarme al campo de batalla, como lo hicieron mis muertos en esta tierra y en la mia.
- Tu sabes... - me dijo esbozando una sonrisa, mientras ordenaba los chocolates (como si alguno de los chocolates le fuera a responder).
En ese momento dude. Era imposible que lo supiera.
- Por algo te pregunto... - le respondi tratando de que se transformara en esos juegos en que uno de los dos se hacia el interesante si tenia acceso a informacion privilegiada.
Era una de esas tardes en que uno agradecia que hubiera cerros al poniente. El cafe colombiano no humeaba en el denso aire caliente de esa breve calle de la ciudad, pero invitaba a beberlo para sentir calor por ultima vez en el dia. Cada jueves soliamos pedir nuestros dos cafes y chocolates. Nunca nos repetiamos el cafe, pero los chocolates eran, al menos para mi, la excusa para prolongar la conversacion hasta que aparecia la cuenta sobre la mesa.
Y era asi los ultimos tres meses. Era una de esas costumbres que se inician tan lenta, progresiva y naturalmente que nunca parecen ser una cita. Un dia coincidimos en una conferencia sobre algo que sonaba mas interesante de lo que realmente fue. Nuestra interaccion consistio en que le pase una hoja para que escribiera, como todos los asistentes, su nombre y su e-mail. Y nada mas. A la semana siguiente, por azar, se sento a mi lado de nuevo. Como llego atrasada, se sento, me miro y sonrio. Me pregunto si habia llegado muy atrasada. Yo le respondi que no se habia perdido nada.
- No seas aburrido. Quiero escucharlo de ti.
Ese dia nos reimos de cosas que no recuerdo. Pense que en el coffee break podria conversar con ella, pero por mas que intente llegar a la cafeteria, el celular sono una y otra vez. Estaba hablando todavia cuando se acabo el break. Ella paso a mi lado y me sonrio levantando sus cejas. Durante la segunda parte de la conferencia imagine toda suerte de formas de invitarla a tomar un cafe. Me imaginaba los desenlaces. Y ahi terminaba mi virtual osadia.
Finalmente la conferencia termino. Al ponernos de pie, me miro, sonrio y levanto sus cejas, a manera de adios. Sali del edificio y camine a un cafe cercano, que recordaba haber conocido semanas atras. Me sente en las mesas del exterior y pedi un cafe colombiano y un cenicero. Me distraje leyendo unos poemas que me dejo en la mesa un hombre que tenia ese tipico olor de paciente psiquiatrico. Me llamo la atencion una frase que decia: "Hic locus est ubi mors gaudet sucurrerae vitae". Levante la mirada del papel, mirando hacia el parque pensando donde habia leido eso antes. En eso, fuera de foco, vi que alguien me miraba, sonreia mientras levantaba sus cejas. Cuando logre enfocarla me di cuenta que era ella. Le respondi el saludo, al tiempo que dudaba si no estaba ella saludando a alguien detras de mi. Volvio a saludarme. Con mi mano le senale la silla vacia a mi lado. Ella tomo su cafe y vino hacia mi mesa.
- Como te puedes hacer rogar tanto!
- No es hacerme de rogar. Solo que me sorprende que te hayas enterado. Y en eso me quede pensando. Es imposible que lo sepas. O estas inventandolo todo.
- Te equivocas.
- En que?
Me miro haciendo converger sus cejas. Tomo un chocolate, asomando su lengua para recibirlo en su boca. Miro hacia ambos lados de la vereda y volvio a mirarme como si me fuera a confesar un secreto.
- En ambas.
Esa primera vez que nos sentamos a conversar un cafe, se paso el tiempo volando. Desde ahi comenzo la tradicion que la cita terminaba cuando la cuenta nos miraba desde la mesa. Siempre habia un tema interesante para conversar. Al menos interesante para nosotros. Desde el ultimo programa del History Channel hasta la nimiedad mas farandulera imaginable. O silencios. Esos silencios gratos en que pareciamos disfrutar de la ausente presencia del otro.
Su llegada a mi vida habia permitido que los dias fuera de mi pais se hicieran mas placenteros. Los primeros dos meses habian sido para olvidar, pero no por desagrado sino porque me dedique afanosamente a sacar conclusiones y asi limpiarme de todo aquello que habia dejado atras. No obstante me habia preocupado de que esa relacion terminara, tenia la sensacion que, cual tejon africano, esta se negaba firmemente a morir. Finalmente decidi que era mejor entregarle mis lugares, mis amigos y mi GPS, antes que mi cerebro.
- Supiste que encontraron los restos del Hombre de Pekin en...
- No cambies de tema. Despues me cuentas si es verdad pero no trates de desviarme, no te hagas el listo conmigo.
- Pero es en serio. Un equipo del History estuvo...
- Y dale con la tontera... Por favor. Te tengo acorralado, asi que comienza a hablar. Te escucho atentamente.
Despues de la primera cita crei que estaba enamorandome de ella. Una noche de jueves en que sono mi telefono y vi que era ella quien me llamaba, lo tuve claro. Pero era tan agradable estar con ella que, nuevamente, la incertidumbre me inmovilizaba. Y ese miedo reverberaba en mi cabeza y en mi almohada.
- Podemos ir por parte?
- Por supuesto, es tu parte la que parte.
Nos reimos a carcajadas. Ya estaba entregado. No habia salida alguna que no involucrara inventar algo increible (en el sentido de no-creible).
- OK - dije acompanandolo de un suspiro involuntario que daba la impresion de que ella habia ganado en esta encerrona. Realmente trataba, involuntariamente, de expandir mis pulmones para prepararme para la lucha o la huida.
- Te escucho - y tomo otro chocolate sonriendo, disfrutando de la victoria.
- Es cierto. Y lo es desde hace unos meses.
- Y como no me habias dicho nada. Te doy miedo o que? No confias en mi acaso? Como te pudiste guardar algo asi. Nos vemos todas las semanas, hablamos casi todos los dias.
- No es facil para mi todo esto. Tu sabes lo que he pasado. La soledad me ha hecho mas vulnerable.
- Cual soledad?
- Como que cual soledad?
- La conozco?
- Que?
- Espera... estamos hablando de lo mismo?
- Solo conozco una soledad.
- Y yo la conozco?
- Creo que si... pero que importancia tiene!
- Tu no estas hablando de una mujer! - dijo soltando una carcajada y lagrimas al mismo tiempo.
- Claro que no... Ya te trastornaste otra vez - le dije riendome largamente, permitiendome aliviarme de lo dificil que era para mi hablar de esto.
- Y yo que ya pensaba que soledad conocemos en comun - continuaba riendose.
- Bueno, compartimos nuestras soledades, pero espera: aqui hay algo raro. Que es lo que realmente sabes?
- Lo que me acabas de contar. Que te has enamorado de una compatriota mia. Nada mas.
- Solo eso? Es que eso cambia las cosas. Que fue lo que te contaron?
- Es que dudo que me creas. Recuerdas el esquizo que nos regalaba poemas?
- Si.
- Bueno, ahora solo lo podras recordar.
- Por?
- Es tristisimo. Llego a la Urgencia anoche. Lo habian atropellado y venia muy mal. Pero cuando me vio, me reconocio y me ha dicho "tenemos que conversar". Hicimos lo que pudimos para sacarlo del paro, pero nada. En una hora fallecio.
- Que triste, o sea no mas esquizo.
- Pero espera, ahi no termina el tema. Pude dormir a eso de las 5 de la manana y te juro que no se si me habia quedado dormida pero lo vi entrar al dormitorio. No me asuste aunque sabia que era algo no normal, pero tenia la sensacion que estaba despierta todavia.
- Una alucinacion hipnagogica...
- A lo mejor, pero el cuento es que me dijo que tenia que contarme algo desde hace un tiempo, pero se le habia pasado definitivamente el tiempo. Y dijo "definitivamente" mostrandome las heridas de sus piernas, de su cabeza y su ropa con sangre.
- Y que te conto?
- Me dijo que estabas enamorado verdaderamente, que tu necesitabas contarselo a alguien porque en este pais no tenias a nadie mas. Que buscara la forma para que tu me lo contaras porque era importante para ti que alguien te escuchara. Trate de preguntarle mas pero me hizo una sena de que me callara, me toco la frente y desaparecio. En ese momento sono el telefono y me avisaron del estado de un paciente. Y te juro que no hubo un momento en que yo despertara. Fue una cosa y luego la otra.
- Suena increible.
- Asi es. Te lo cuento y se me eriza la piel.
- Entonces podriamos decir que solo eso sabes.
- Claro, y me lo has confirmado. Necesito saber quien es la afortunada.
En ese momento, senti tener la fuerza para hacerlo. Este era el lugar donde los muertos ayudan a salvar vidas. Y esta vez seria la mia. Me senti tomar la bayoneta, salir de la trinchera y lanzarme al campo de batalla, como lo hicieron mis muertos en esta tierra y en la mia.
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